Aquel eterno instante
¿Ha recordado su primer beso?.. Lilian se despertó empapada en sudor, aturdida, confundida; su corazón galopaba más rápido que de costumbre, brincaba provocándole un suave y dulce dolor punzante.
-¿Ha sido un sueño? – se preguntó somnolienta y difusa-
Se sentó lentamente en la cama, sus pies tocaron con lentitud el frío porcelanato y una estremecedora vibración recorrió su cuerpo y erizó su piel. Se sentía aún agitada; de a poco fue aclarando sus ideas y fue presa de una profunda nostalgia e impotencia. Estaba en presente y no estaba sola, a su lado dormía profundamente su esposo y en la habitación contigua sus nietos varones, gemelos de cuatro años. Con el correr de los minutos se reconstruyó en su mente con admirable claridad el suceso que había provocado en ella semejante revolución emocional. No había sido un sueño; no sabía por qué conjunción de mágicos estímulos había recordado vivencialmente aquel día, su primer beso.Lilian tenía 14 años; él, Daniel, 18. Se conocieron casualmente durante un verano. Ella lo vio y supo que lo amaría. Sintió desde ese primer momento algo que no se olvidaría con el tiempo, jamás.Era un atardecer cerca del lago, caminaban con los pies descalzos sintiendo aún la tibieza de la arena y la calidez del aire que acariciaba sus rostros. Ellos dibujaban siluetas oscuras en un fondo de ensueños rojizo degradé y el brillo del agua reflejaba en sus ojos destellos ardientes.Ella era bella, su pelo rubio y ondulado acariciaba la parte desnuda de su espalda con el vaivén de los pasos. Él era un ser con sonrisa de ángel, tez bronceada y rulos castaños;
2la pasaba en altura por unos centímetros. Lilian lo percibía agitado, encendido y, de reojo, podía ver marcarse en sus piernas lujuriosos músculos varoniles. Él hablaba, gesticulaba sus manos con movimientos armónicos y reía; ella no escuchaba más que su loco corazón golpeando su pecho y su respiración entrecortada; sólo podía dominarse siquiera para caminar con normalidad al lado de aquel príncipe de cuentos. Llegaron a una enorme roca que formaba con otras dos una especie de cueva, él le tomo la mano, Lilian dio un retozo que trató de disimular; la conmoción la tenía algo atontada y la emoción la desbordaba. Sin pensarlo, sujetó decidida la mano de Daniel y juntos como habiéndose puesto de acuerdo, se dirigieron a ese nido que parecía haber sido construido para ellos, para ese momento.Parados, frente a frente, él le tomó la cintura por detrás y la acercó a su cuerpo, con la otra mano tomo suavemente su cuello y sus bocas se acercaron, la respiración de ambos se fundió en una sola. Ella cerró los ojos, sintió que flotaba y se entregó al apasionado beso que Daniel depositó en sus labios.Lilian nunca supo cuánto duró ese instante, para ella fue eterno y efímero a la vez, real y mágico al mismo tiempo. Un remolino de sudor ardiente, respiración acelerada, corazones descontrolados, sentidos obnubilados, la hechizó para siempre; para toda la vida.Después de 39 años lo volvió a recordar al salir de un sueño, con la misma intensidad de entonces. Aquel real y fugaz beso se lo llevó el destino junto con Daniel. A ella le quedó la eternidad de la magia grabada en sus labios y en todo su ser. Nunca más lo volvió a ver, nunca más sintió con tanta fuerza el amor en su piel.
Cuentos inéditos
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